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La rueda rueda rueda que rueda

Escultura

Escultura Día libre en el trabajo que aprovecho para las diversas tareas domésticas y leer algo. Hablando de leer, esta mañana el cartero me ha traido "Flores para Algernon" de Daniel Keyes, que pertenece un anillo de Bookcrossing. Hojeando periódicos atrasados antes de tirarlos al contenedor, encuentro una entrevista a Carlos Ciriza, el autor de la escultura colocada en la rotonda de Lekunberri. Según él, "la escultura simboliza la comunicación generacional, y hace alusión a las vías del tren Plazaola, a la calle mayor del pueblo como punto de encuentro entre sí y del pueblo con la naturaleza". También se lee "la obra tiene unas dimensiones de 4,5 m. de altura, 3,20 de ancho y 2,5 de grosor realizada en acero cortén. Se trata de una obra escultórica basada en los conceptos descritos que quedan plasmados en una figura que juega con el equilibrio, con los volúmenes y espacios que se abren a la sociedad y al universo participando con diferentes brazos que caminan hacia la unión y una protección, entre el espacio que dibujan, de la cultura, de los orígenes del pueblo". Otros datos que apunta el diario es que "la escultura fue un encargo del Ayuntamiento de la localidad y ha contado con un presupuesto de 42.000 euros". El alcalde dice "en los últimos cuatro o cinco años ha habido un crecimiento residencial e industrial importante y pensamos que, además de ir completando servicios que ya están en marcha como la guardería, había que ir vistiendo al pueblo. Y así, estamos revegentando el pueblo (lo escribo tal y como lo pone el diario, y no sé si es un error del alcalde o del periódico, pues creo entender que quiere decir que lo están "revegetando") y ahora queríamos poner (el diario dice "poder") dos esculturas. Una de Gorriti y esta que se instala hoy". También dice "lo que pretendemos con estas esculturas es representar ese Lekunberri de encuentro entre hombres, entre mujeres, entre pueblos, que ha sido tradicionalmente la localidad".
Leo todo esto y no me hago a la idea de que se está hablando de Lekunberri, de una zona que hasta hace muy pocos años, pero pocos pocos, se podría decir que era esa "Navarra profunda", esa Navarra que olía a boñiga de vaca y zirria de oveja, en donde en ese mismo punto en donde hoy se alza la escultura, era frecuente que tuviésemos que parar el autobús para dejar paso a un rebaño de vacas o de ovejas que eran llevadas de un prado a otro. Era frecuente oir "Gelditu, gelditu, Roncalesa. Agur nere beia", que vendría ser en mala traducción "Para, para, Roncalesa. Adiós a mi vaca". Los tiempos están cambiando y estos bonitos pueblos navarros también lo hacen. Cada vez más se están conviertiendo en centros residenciales de las ciudades de alrededor, sobre todo Pamplona y San Sebastián, y van desapareciendo como núcleos agrícolas y ganaderos que eran hasta hace poco. Los viejos caserios se transforman en lujosas villas de falso aire rústico, los pueblos se llenan de chalets y urbanizaciones, cuyos residentes se convierten en los nuevos baserritarras, o habría que decir, dada su naturaleza urbanita, "the new baserritarras".
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